EL DESASTRE DE ARMERO
la avalancha, se convirtió en el símbolo de la tragedia de Armero.
Su drama fue descubierto por el socorrista de la Cruz Roja Jairo Enrique Guativonza, en la tarde del jueves 14 de noviembre, casi 20 horas después de que Armero fuera sepultada.
Cuentan quienes vivieron el drama que Omaira quedó atrapada al caer en una alcantarilla cuando trataba de huir con su abuela desde el barrio Santander, donde residía, hacia la parte alta de la localidad, mientras detrás avanzaba la avalancha.
El socorrista, luego de varias horas de trabajo, logró romper una plancha de cemento que la tenía atrapada. Pero el destino de la niña estaba marcado hacia la muerte, pues cuando intentó sacarla, notó que sus piernas estaban atrapadas entre palos, pedazos de ladrillos y cadáveres humanos hundidos entre el lodo.
No fueron suficientes los esfuerzos de Guativonza y otros socorristas que con motobombas trataron de evitar que el agua, que le llegaba al cuello, subiera de nivel y la ahogara. Tampoco el trabajo de varias personas que la alimentaban e hidrataban, mientras los miembros de la Cruz Roja trataban de quitar los obstáculos que la tenían atrapada.
Hoy en día y veinte años después de la tragedia, el pueblo colombiano recuerda con tristeza y nostalgia aquellos hechos que marcaron la historia del país.
El causante de la tragedia: el nevado del Ruiz, un volcán ubicado en los departamentos del Tolima y Caldas, en la cordillera central de Colombia a una altura de 5.400 metros sobre el nivel del mar.
Aquel 13 de noviembre la primera anomalía del día ocurrió con un temblor seguido de una lluvia de ceniza que empezó a caer sobre Armero alrededor de las cinco de la tarde.
Si algunos recuerdan esta tragedia con mayor vividez, muy seguramente esto se debe a la conmovedora y triste historia de Omaira, la niña de 13 años que quedó atrapada en el lodo y que el mundo entero vió morir.
Omaira, una niña de familia humilde, se encontraba en su casa de Armero con su padre, su hermano y su tía cuando sintió el golpe de la avalancha. Ella vio como un techo de la casa cayó sobre su padre y procedió a esconderse debajo de una cama junto a su tía. Horas más tarde al abrir sus ojos y de pronto pensar que todo había sido una pesadilla, se encuentra rodeada de lodo y sin nadie a su alrededor.
Cuando los socorristas la encuentran, Omaira les cuenta que esta estancada y que con sus pies puede sentir que esta pisando dos cuerpos de los cuales ella misma dice, piensa son su tía y su papa. La niña se encontraba tan enterrada en el lodo y obstruida por lo que piensan era una pared, que los socorristas decidieron no hacer fuerza para sacarla por miedo a que pudiera perder las piernas.
Con Omaira enterrada en el lodo van pasando los días y las noches llenos de canto y del humor de la niña. También ella habla con la gente que la visita: periodistas de todas partes del mundo, socorristas, fotógrafos, etc. Cuentan quienes estuvieron cerca de ella que Omaira hablaba de su mamá, de su miedo de que se quedara sola, hablaba de la escuela y decía con angustia "hoy tenía exámen de matemáticas, voy a perder el año". Socorristas la acompañaban por las noches y mucha más gente la rodeaba durante el día.
Fueron tres días los que pasaron para poder transportar una motobomba desde la capital, Bogotá, hasta el pueblo de Armero. El diario colombiano El Tiempo, prestó su helicóptero para tal propósito. ¡Fue muy tarde, muy difícil! Aún con la motobomba, se corría el riesgo de que al succionar el agua e intentar sacar Omaira, la niña fuera a perder sus pies o piernas y al no tener cirujanos en el pueblo prácticamente era una opción que apuntaba a la muerte.
¿La decisión? Dejar que pasara lo que ya todos sabían que iba a pasar pero se negaban a aceptar.
Con el correr de las horas, Omaira mostraba señas de decadencia. Sus comentarios y palabras ya no tenían sentido, deliraba. Sus ojos mostraban un fuerte color rojo, ya era más difícil mantenerlos abiertos.
En el momento más íntimo y privado de un ser humano, en aquel momento donde perdemos la vida, en nuestra propia muerte; a Omaira la vieron y acompañaron cientos de personas pero ninguna de ellas fue una cara conocida.
Hoy en día, Omaira se ha convertido en un símbolo de Armero. Una capilla cubre y adorna el punto exacto donde Omaira murió. Los que fueron habitantes de Armero y los turistas visitan la tumba con frecuencia haciendo de Omaira la santa de su pueblo. Muchos creen que allí han ocurrido milagros y que Omaira cuida y ayuda a quienes se lo piden.





